Y la justicia llegó, señores. Por lo menos, en un aspecto.
Tantos años de estudio, tantos años de responsabilidades cumplidas, tantos años de profesores ciegos e injustos, tantos años de postura fuerte e incondicional.
Cuando parecían tirados a la basura, hicieron el mérito.
Hoy el día era feo... no podía levantarme, tenía una fiaca bárbara.
Y fue ese llamado de la directora, que aunque algo fría ella, me levantó de un saque.
父, 母... lloraron de la emoción en el teléfono.
Y eso además me valió los dos primeros tomos de 僕の初恋を 君に 捧ぐ. Jaja, ya me veía venir la sorpresa yo (sepan que tengo ese extraño sexto sentido: siempre sé cual es la sorpresa que me van a dar).
Y todo esto porque soy abanderado de la nacional.
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